Una reflexión descriptiva y crítica
Programas públicos de apoyo a la creación de empresas
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Escribe: Jaume Amill Miralles
Director del Área de Creación y Dinamización de Empresas de D’Aleph, España. Profesor de la Maestría de Gestión de Políticas Públicas de la Escuela de Gerencia Continental. |
Para que se produzca la creación de una empresa es necesario que se combinen simultáneamente diferentes elementos: la existencia de personas con espíritu emprendedor, la capacidad de éstas para convertir sus energías en ideas y proyectos empresariales viables y un entorno favorable que
facilite el proceso.
Por otro lado, analizando la creación
de empresas desde la perspectiva
de proceso se pueden llegar a identificar hasta cuatro fases en la creación de una empresa, en las que las necesidades a cubrir y las actividades
a realizar son claramente diferentes.
Si analizamos la creación de empresas
desde la perspectiva de proceso se pueden llegar a identificar hasta cuatro fases en la creación de una empresa. Así nos encontramos con las siguientes fases: Gestación en la que una persona, identifica
en el entorno diversos elementos que pueden dar lugar a una posibilidad empresarial.
Creación o análisis, el evaluar la viabilidad de su idea de crear una empresa,
y finalmente se decide por un camino u otro. Puesta en marcha, en la que el empresario
moviliza los medios necesarios para el inicio de la actividad y finalmente, el proceso culmina cuando, una empresa alcanza su consolidación, tiene productos
o servicios totalmente desarrollados, la clientela es más o menos habitual, etc. Normalmente, esto no se produce antes del tercer o cuarto año de vida.
Cualquier programa público que pretenda apoyar o incentivar la creación de empresas deberá tener en cuenta los cuatro factores expuestos anteriormente,
pero muy especialmente el elemento humano, la necesidad de la existencia de personas emprendedoras. Asimismo, tampoco deberá olvidar que, como proceso,
la creación de empresas tiene diferentes
problemáticas o necesidades según
en qué fase del mismo nos fijemos.
En este sentido, un análisis de los programas, acciones e instrumentos desarrollados por las diferentes administraciones
públicas durante los últimos quince años, nos permite observar cómo se ha tratado de dar respuesta a estas diferentes
problemáticas y necesidades.
Análisis de contenidos
Los programas los podemos clasificar
y tipificar, por acciones e instrumentos
públicos de apoyo a la creación de empresas, de la siguiente forma:
1.- Un primer grupo de programas se centra en el fomento del espíritu emprendedor y la gestación de nuevas
actividades, con el objetivo de conseguir a largo plazo el nacimiento de más vocaciones empresariales. Algunos de ellos se han comenzado a desarrollar, mientras que otros son todavía son experiencias
singulares:
-
Seminarios de difusión de la cultura emprendedora, de motivación a emprender,
de circulación de ideas empresariales,
donde se muestran ejemplos de personas que han creado empresas con éxito y cuya situación de partida no era muy diferente de la propia de los asistentes al seminario.
-
Sensibilización en escuelas, institutos y centros de formación en general a través de diferentes vías como: juegos didácticos
de empresa, charlas de empresarios locales, visitas a empresas, utilización de ejemplos empresariales en los materiales
de estudio, etc.
-
Concursos de proyectos e ideas empresariales
que, si se plantean para un ámbito
territorial suficientemente amplio, se difunden
adecuadamente, tienen premios
atractivos y asimismo resulta suficientemente
sencillo presentarse, pueden resultar
un mecanismo muy interesante para
favorecer que durante un determinado
espacio de tiempo haya un volumen importante
de personas del territorio que se
interesen en “pensar en empresa”.
-
La puesta en valor por parte de las administraciones
públicas de activos locales
de todo tipo (tangibles e intangibles) ha
facilitado la creación de empresas. Así,
acciones como la rehabilitación de un
barrio, recuperación de fiestas, costumbres
u oficios tradicionales, difusión de
tradiciones culturales y gastronómicas,
promoción de la realidad paisajística,
etc., pueden considerarse dentro de
este grupo.
Como se observa, el abanico de actividades
que se pueden poner en marcha en
el marco del fomento del espíritu emprendedor
y gestación de nuevas actividades
es amplio. Sin embargo, la cantidad de
experiencias con que se cuenta, aunque
variada, es pequeña. Probablemente,
la dificultad de medir los resultados de
estas medidas así como su horizonte de
mediano y largo plazo ha contribuido a su
escasa inclusión en la agenda de los programas
públicos. Sin embargo, es un área
de trabajo a la que debería prestarse más
atención y dedicar mayor volumen de recursos,
especialmente en aquellas zonas
con baja cultura emprendedora, ya que ésta es un factor crítico para el desarrollo
futuro de nuevas empresas.
2.- En segundo lugar, con el objeto de ayudar a los nuevos emprendedores
en la fase de creación o análisis, es decir, a evaluar la viabilidad de su idea empresarial, la administración pública ha puesto en marcha diferentes programas que centran su énfasis fundamental en la prestación de asesoramiento en la elaboración
del plan de empresa o, bien, en la facilitación de medios para que el propio emprendedor realice por sí mismo el plan de su nueva empresa. Así, podemos distinguir,
al menos, las siguientes tipologías de programas e instrumentos:
-
Agentes de Desarrollo Local, Técnicos de Empleo, Técnicos de Empresa, Oficinas de Asesoramiento, etc., que suministran al nuevo emprendedor información sobre
trámites y subvenciones y asesoramiento
de proceso en la elaboración del plan de empresa.
-
Clubes del emprendedor, semilleros de empresas y, en general, programas cuyo objetivo fundamental es proveer a los emprendedores de recursos físicos y de conocimiento que faciliten la elaboración
de su plan de empresa.
A este respecto, cabría pensar en introducir en los programas formativos para nuevos emprendedores contenidos relacionados con los comportamientos y habilidades que deberán desarrollar éstos, cuando se conviertan en empresarios.
En general, podemos afirmar que, dentro del ámbito del apoyo a la evaluación
de la idea empresarial, se conocen bien el tipo de medidas que resultan efectivas
y donde queda un amplio espacio para la mejora es en su ejecución. Dicho de otro modo, no es necesario “hacer más cosas” sino “hacer las cosas bien”.
3.- Los programas e iniciativas públicas
que persiguen apoyar a los nuevos emprendedores en el momento de la puesta en marcha así como la consolidación durante los tres primeros años de vida de la empresa tienen morfologías y objetivos operativos variados. En general, podríamos decir que en el ámbito de facilitar
la fase de lanzamiento o puesta en marcha se han conseguido resultados razonables,
mientras que nos queda un camino
todavía muy largo por recorrer en el diseño e implementación de programas e instrumentos de apoyo a la consolidación de las nuevas empresas.
-
Las “ventanillas únicas” con el objetivo de facilitar, agilizar y reducir el plazo de los trámites relativos a la creación de una empresa. Pese a las mejoras alcanzadas, parece lógico pensar que nuestras administraciones
tendrán que avanzar aún más en la simplificación de procedimientos
y en la coordinación interadministrativa
con el objetivo de facilitar la tramitación a las empresas noveles.
-
Los centros y viveros de empresas son edificios o conjuntos de edificios que albergan espacios para la instalación de empresas de servicios y/o industriales
así como un conjunto variado de servicios para facilitar su instalación y funcionamiento durante los tres primeros
años de vida, tales como: recepción, salas de reuniones, cafetería, soporte administrativo, limpieza, seguro de responsabilidad
civil, etc.
Los programas que persiguen el apoyo
financiero a las nuevas empresas han centrado normalmente su forma de intervención
a través del mecanismo de la subvención. Por otro lado, de forma más esporádica se vienen utilizando sistemas de apoyo financiero más cercanos a los mecanismos de mercado como capital riesgo, capital semilla o microcréditos con resultados asimétricos en función del entorno específico donde se aplican y del diseño concreto del instrumento y el tipo de empresas que se quiera apoyar.
Así, el capital riesgo, pese a ser una fórmula interesante, ofrece rigidez instrumental
que hace complicada su aplicación
para apoyar a las empresas muy pequeñas.
Hecha esta descripción, corresponde a los gobiernos nacionales, regionales o locales diseñar las medidas que les parezcan
apropiadas, para lo cual me permitiré realizar algunas recomendaciones:
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